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La primera mitad (los 41 minutos de rigor) en el retorno de Lost hubiera hecho las delicias de Jorge Luis Borges: Claro, no solo hubiera sido preciso que viviera (falleció en 1986)... sino además -como dijo el eco- que "VIERA"... Pero -como diría el viejo JLB- esos eran apenas "meros detalles". Todos recordarán que en "El jardín de los senderos que se bifurcan", el cieguito más famoso planteaba en forma de un cuento la existencia de universos paralelos. De una manera exquisita, Lost lo desarrolla como trama en apenas un poco más de media hora. Ver ese avión que tres años antes acuatizó partido en dos partes cerca de una isla y cómo esos que fueron sus sobrevivientes terminaban la travesía por el Pacífico en el aeropuerto sin sufrir mayores percances... ¡es un desafío a la credulidad! Amigos: ahí estaban todos los personajes que habíamos seguido durante cinco temporadas. Algunos se habían quedado en el camino y sin embargo.. ¡Ahí estaban! Recordemos la frase del cuento: " En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts'ui Pên, opta -simultáneamente- por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan". Y fíjense qué maravilla lo que sigue que termina resumiendo la idea. " El jardín de senderos que se bifurcan es una imagen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts'ui Pên. A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma". Bueno, de eso se trató, pues. Ahí fue. Lo que más erizado me dejó fue la existencia de tres (¡tres, sí, leyó bien!) John Locke. 
Así que las paradojas temporales de esta reflexión sean dedicadas al bueno de John, y la tristeza infinita cuando llega a Los Angeles y el pianito suena y lo tienen que llevar en su silla de ruedas... impresionante
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